A mi navegador le pasa algo

Últimamente, cuando llego a casa y me dispongo a leer, por ejemplo, la prensa diaria vía digital (o electrónica, según guste la expresión), me he dado cuenta que simplemente me falta algo. No se trata que mi ordenador ya no me quiera como antes, ni que el Windows Vista siga sin quererme como siempre. Se trata de algo más; algo que de momento se me escapa.

Quizá, porque utilice más mi bloc de notas físico, que la aplicación que pretende emular a una agenta de verdad. Quizá porque no me va la opción de Post it digitales, por miedo a que… se caigan. Pero, la verdad, es que cada vez que abro el navegador de Internet, siento que le falta algo.

Ya tiene la capacidad -inteligente, y lo que es aún mejor, gratis- de indicarme cuándo recibo un correo y la cantidad, de ofrecerme un traductor de páginas para el japonés, a pesar de que la propia aplicación ni lo entienda, de tener mis propios favoritos sin tener que acudir a un sin fin de menús.

Me avisa también de cuándo debo sacar al perro (o al chucho, para personas más “cultas”), me cronometra la comida que se está haciendo en el horno para no olvidarme (dicen que suelo ser muy despistado), o incluso me avisa cuando debo recoger la ropa que se está secando.

Pero yo sigo diciendo que le falta algo. No sé lo que es, pero, es como si mi navegador se sintiera aprisionado conmigo. Yo siento que le falta algo, y presiento que él cree todo lo contrario. Lo siento más sobrecargado, como si necesitara hacer una de esas dietas que nuestros compañeros de Viviendo Sanos tratan en su estupendo blog; o quizá, cogerse unas vacaciones.

Siento que le falta algo, que la tecnología lo ha sobrepasado hasta tal punto que simplemente no es ya el mismo. Pero yo, por más que me duela, seguiré utilizándolo…

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Dicen que son las barras de herramientas. A mi navegador le sobra algo… y no sé lo que es.

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